Repartidor de pizza en Sagrera y Barcelona, ¡una profesión de riesgo!

Repartidor de pizza en Sagrera y Barcelona, ¡una profesión de riesgo!

Repartidor de pizza en Sagrera y Barcelona, ¡una profesión de riesgo!

Repartidor de pizza en Sagrera y Barcelona, ¡una profesión de riesgo!
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Muchas veces el trabajo de motero o repartidor de pizza puede parecer aburrido y carente de emoción, pero la realidad es muy distinta. En cada calle se esconden historias anónimas y, en muchas ocasiones, los repartidores de pizza en Sagrera Barcelona se convierten en protagonistas de ellas sin buscarlo. Entre las muchas historias que han vivido os dejamos las más divertidas y entrañables.

La novatada al motorista repartidor de pizzas

Era una noche de fútbol en una pizzería en Sagrera. Los repartidores hablaban del partido mientras esperaban los pedidos en la puerta del local, desde donde se veía la televisión de un bar cercano. Los gritos del local les dejan claro cuando se marcaban goles, tanto a favor como en contra, o cuando había alguna falta o jugada polémica.

Acababa de empezar la segunda parte cuando surgió un pedido de tres pizzas familiares, una serrana, otra napolitana y otra de foie. “No se ponían de acuerdo con los ingredientes de las pizzas, así que han pedido una de cada. No te entretengas, tienen que llegar calientes”, le decía el encargado al repartidor nuevo mientras le entregaba el pedido. Llevaba apenas dos semanas y el fútbol le interesaba muy poco, así que aceptó con un “oído cocina”.

Cuando se abrió la puerta del ascensor escuchó un grito:

“¡Gol!” Respiró y llamó a la puerta.

Aún se ponía un poco nervioso. Le abrieron dos chavales dándose un abrazo.

“¡Gol, gol! ¡Tío, vaya partidazo que te estás perdiendo, que pena tener que trabajar en días como hoy!”, lamentó uno de ellos. Entre sonrisas, el repartidor contestó:

“Nada, no me estoy perdiendo gran cosa, no me interesa mucho el fútbol. Así que molestia ninguna, ¡para eso estamos!”

 

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“¿Cómo no te va a gustar el fútbol si es el partido del siglo?, replicaron.

– Venga ya, pasa y haz el favor de ver el final con nosotros.

– No, no, en serio. Tengo que seguir trabajando. Venga aquí tenéis la cuenta, trató de zanjar nuestro amigo motero.

– Quedan 5 minutos y el descuento, si no cambia el resultado te garantizo que a partir de hoy te gustará el fútbol. ¡Recuerda lo que dijo Pep!: «Si perdemos seremos el mejor equipo del mundo. Si ganamos seremos eternos»”.

El tono del chaval fue tan convincente que accedió a entrar. En el salón había varios chicos y chicas. Dejó las pizzas en la mesa y todos se sirvieron. Se quedó de pie mirando la televisión sin saber muy bien qué hacía allí. Miró su móvil, ningún aviso. Los chavales le miraban para que se uniera a la celebración, pero lo único que hacía era sonreír y encogerse de hombros.

Cuando el árbitro indicó el final del partido todos saltaron y se abrazaron entre gritos. El repartidor se acercó  y les dijo:

“Bueno, no ha estado mal, pero creo que el fútbol sigue sin ser lo mío. Enhorabuena por la victoria.”

El que le invitó a pasar le abrazó y le contestó:

“No, no, no ha terminado, nos has traído las mejores pizzas de Barcelona, estaban de muerte. Esto ha sido histórico, hemos ganado y además nos hemos sacado 400 euros en apuestas. Así que toma, chaval. Con esto quedan pagadas las pizzas y lo que sobre para ti”.

Sin dar crédito vio los 5 billetes de 20 que tenía en la mano. Les dio las gracias y les aseguró que a partir de ese día vería el fútbol con otros ojos. Está claro que las pizzas fueron más que nutritivas y que los chavales habían leído los imprescindibles para una tarde de fútbol.

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Lo que la pizza en Sagrera ha unido…

Hace un par de meses se acercó un chico por la pizzería en busca de sus amigos y antiguos compañeros. Había conocido a su novia gracias al trabajo. Ella vivía en un piso compartido con amigas y él sabía que todos los viernes tocaba pizza. La chica en cuestión siempre le recibía con un “ya está aquí mi pizzero favorito” y una propina.

Después de semanas se encontraron haciendo deporte por el parque de la Pegaso.

–¿Bajando las pizzas del otro día?

–¡Hombre, tú por aquí! Pensé que eras más de moto que de correr -contestó ella con una sonrisa.

–Bueno, hay que cuidarse. ¿Sueles venir?

–Si, el sitio está bien y al lado de casa. Si vienes a esta hora podemos quedar y así se hace más ameno bajar las pizzas.

–Vale, sin problema. Si me das tu número concretamos mejor… los turnos, ya sabes.

Dos años después, en el mismo parque, estaba dispuesto a pedir matrimonio a la mujer de su vida. Había una cita de Gandhi que le había impresionado tiempo atrás: «Un cobarde es incapaz de mostrar amor; hacerlo está reservado para los valientes».

El plan era el siguiente, un repartidor llevaría su pizza favorita, la napolitana, al trabajo con el siguiente mensaje:

“Te veo a las 10 en el parque de la Pegaso”.

Allí, a la entrada del parque, otro motero le vendaría los ojos. Y en el puente, frente a todos los curiosos y amigos de la pareja, se encontraría el novio de rodillas, con una pizza en forma de corazón y el mensaje clave:

“¿Quieres casarte conmigo?”.

Todo sucedió según lo planeado y, como no podía ser de otra manera, cuando se quitó la venda gritó un “sí, claro que quiero”, desatando los aplausos de todos los presentes.

No cabe duda que todos los días pueden ser San Valentín. 

Pizza del amor en barcelona y sagrera

El que parte y reparte se queda con la mejor parte

Era verano y el pedido no se dirigía a ningún piso en concreto, sino a una calle. No tener un lugar físico donde entregar la pizza le hacía ir un poco nervioso al reparto. Cuando llegó al lugar se encontró carpas, seguridad y una calle cortada. “Genial, a ver cómo paso yo ahora…”.

Aparcó la moto y le preguntó al de seguridad, con pintas de armario empotrado de dos metros: “Tengo que entregar esto en esta calle, ¿sabes algo? ¿Puedo pasar?”

El de seguridad se giró y le respondió: “Anda, espera aquí”.

Dos minutos más tarde se le acercaba un chaval.

–¡Hola! Has llegado muy rápido, pasa por aquí ¿Está ahí todo el pedido?.

–Si, lo llevo todo aquí. Pero, oye, ¿esto qué es?.

Sorprendido y riéndose le contestó: “Debes de ser el único de la ciudad que no lo sabe, tenemos público durante todo el día. Mira a tu alrededor, ¿qué ves?”.

–Pues… veo cámaras, ¿una peli? -replicó.

–¡Premio! Ven y te presento a algunos actores.

Resulta que Barcelona es la ciudad europea donde más películas se ruedan. Así que se acercaron a paso ligero hasta una improvisada mesa donde había unas diez personas sentadas de forma desenfadada. Empezó a mirar las caras y se dio cuenta del nivel del rodaje. De repente se fijó en una rubia de sonrisa angelical. Allí estaba, su diosa, la actriz con la que soñaba desde hacía años.

El chico que le había llevado hasta allí le dijo algo a la mujer en inglés, el repartidor entendió las palabras sueltas. “Chico, ilusión, conocerte, firma”.

Ella se levantó y le dio la mano con una amplia sonrisa y con un español bastante bueno le dio las gracias por las mejores pizzas de Barcelona “¿Podemos hacernos una foto?” preguntó avergonzado.

Ella accedió y además le firmó en una servilleta sin que se lo pidiera. Sin duda su mejor recuerdo como repartidor de pizza.

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Las primeras veces nunca se olvidan

Entregó el pedido en un portal pequeño y antiguo, era un segundo sin ascensor. Le abrió la puerta una señora mayor de unos setenta años.

–Pasa, pasa, déjame la comida encima de la mesa, guapo, y cóbrate de aquí.

–Ahí tiene su cambio señora, gracias y que aproveche -respondió.

Pero la señora era primeriza. “¡Ay, espera! Es la primera vez que pido una cosa de estas, ¡me tienes que explicar cómo se come!”.

Entre risas, el repartidor se quitó la chaqueta y comenzó a explicar: “Bueno, viene partida en triángulos, ¿lo ve? Pues es cogerla por el borde y a comer.”

–¿Y no sé puede comer con tenedor? No entiendo por qué la gente no usa tenedor.

El repartidor sonrió, pues nunca se había hecho tal pregunta y la anciana era más que entrañable. “Pues porque esto se come así, como los langostinos, con las manos. Pero si prefiere usar tenedor tampoco creo que pase nada.”

-Bueno, bueno, si tú lo dices que eres el experto…-dijo la señora con una sonrisa en la cara-. Hoy viene a cenar el nieto, que estará al llegar. Era para darle una sorpresa, que no para de hablar de las mejores pizzas de la Sagrera. Y yo, por darle el gusto a mi nieto, hago lo que sea. He pedido esta porque no sabía qué ingredientes poner a la pizza, ¿estará buena, no?

-Pues es mi preferida, seguro que a su nieto le encantará y más si viene de su abuela. Buen provecho -fue uno de esos momentos donde te sientes partícipe de algo maravilloso.

Moraleja

La próxima vez que veas a un repartidor de pizza pregúntate cuál será su gran aventura, porque ten por seguro que todos tienen una. Y es que uno de los ingredientes indispensables de una pizza, es su repartidor, ya que sin ellos no podríamos estar al abrigo de nuestros hogares con amigos, pareja y familia esperando a recibir esas pizzas que nos hacen tan felices.

 

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