La mejor pizza a domicilio en Barcelona

La mejor pizza a domicilio en Barcelona

La mejor pizza a domicilio en Barcelona

La mejor pizza a domicilio en Barcelona
Rate this post

Érase que se era una ingeniosa horchatera, natural del barrio de La Sagrera.

La muchacha, que era muy hacendosa, trabajaba los días de fiesta vendiendo entre  los castellers, y como al final del día volvía cansada y hambrienta, se pasaba la vida soñando con encontrar la mejor pizza de barcelona. ¡Pero, ay, pobre de ella! ¡Por mucho que buscase y buscase no la encontraba!

Ésta es la historia de cómo esa pobre horchatera persiguió con tesón su sueño de comerse la pizza perfecta, así como los alocados infortunios y extrañas aventuras que le acontecieron por el camino.

pizza-perfecta

La horchatera sueña despierta con encontrar la pizza perfecta

La horchatera y la cruzada de la pizza perfecta

Como cada tarde, la horchatera volvía cansada y hambrienta de trabajar, y como cada tarde se detuvo en el primer puesto callejero de pizza que encontró. Allí pidió la cena para llevar, esperando una vez más haber encontrado por fin lo que andaba buscando.

“Esta vez”, se dijo, “esta vez será la buena. He probado ya la mitad de pizzas de esta ciudad, y ninguna es lo que yo ando buscando, pero por Sant Jordi el pizzero que al final me salgo con la mía”.

Llegó a casa y se dispuso a cenar en compañía de su madre, que la miraba ya con pena tras tantos infaustos esfuerzos. La horchatera abrió la caja, sacó la primera porción, le dio un buen mordisco y… ¡tuvo que dejar otra vez la cena en la caja, tan mala era!

– ¡Ay, mi gozo en un pozo! Madre, ésta es con diferencia la peor pizza que he probado hasta ahora –dijo desconsolada.

– ¡Pero xiqueta, ¿cómo no va a estar malo?! –respondió su madre– ¡Mira esa pizza, toda grasienta y fría! Te has atiborrado en la mitad de puestos y pizzerías de esta ciudad. ¿Y para qué? ¡Nunca encontrarás la pizza perfecta!

Pero la horchatera, que era más terca que una mula, no se daba por vencida.

– Pues si no puedo encontrarla, la haré yo misma.

– Ay…  –suspiró la madre– Como escribió Harriet Van Horne,

“La cocina es como el amor, debes entregarte con abandono, o no hacerlo”.

Y tú no sabes ni hacerte un huevo frito. ¿Cómo vas a hacerte la mejor pizza? ¡Las pizzas caseras son un arte!

– Ya verás como sí. Mañana, al salir del trabajo,  iré al mercado. Después vendré a casa y prepararé la mejor pizza que se haya visto.

Las cuentas de la horchatera

Decidida a llevarse el gato al agua, la joven se fue a dormir. Al día siguiente, tras una dura jornada de trabajo, puso rumbo al mercat de Felip II. Por el camino iba pensando:

“Aunque en el mercado todo es fresco, escogeré solo lo mejor de lo mejor. Compraré tomates de huerta, gordos como puños, y una mozzarella cremosísima, para cubrir la masa. Añadiré jamón, o puede que pollo de corral, de carne muy tierna. Después unos champiñones recién salidos de la tierra, olivas negras de las ricas, y quizás pimientos frescos. ¿Rojos, amarillos? ¡Le pondré de los dos, qué caray! ¡Y butifarra! Me va a quedar una pizza de rechupete, ya lo sé yo”.

pizza-casera

Los mejores ingredientes para realizar una deliciosa pizza casera

Y así siguió y siguió, todo el camino al mercado. Pero con tanto fabular, había andado por la ruta más larga sin mirar ni una vez el reloj. Cuando por fin llegó a la puerta, se encontró con que había cerrado. ¡Ya no había tomates, ni pollo, ni pimientos! Adiós al plan de hacerse la cena. Apenada, se quedó allí plantada durante diez minutos, hasta que al final se puso a caminar sin rumbo fijo.

“¡Ay, de mí!”, se decía, “¿Qué voy a comer ahora?”

Y luego, desesperada, se le ocurrió rezarle algo al pizzero Sant Jordi, por si se apiadaba de ella:

“Sant Jordi, sant Jordi, se bueno. ¡Mándame la pizza que yo quiero!”

En aquel momento, un aroma exquisito le llegó a la nariz, un olor a pizza recién hecha que hacía la boca agua.

“¿Pero de dónde viene ese olor tan rico?”, caviló.

Y allí, por la puerta del mercado, pasaba una pareja con una enorme caja de pizza. Sin dudarlo un momento, se acercó a ellos y les preguntó de dónde habían sacado semejante maravilla.

– ¡Pues de Super Pizza! ¿De dónde si no? Tienen la mejor pizza a domicilio de barcelona –respondieron ellos muy sorprendidos por semejante pregunta, alargándole una tarjeta con el número y la dirección.

Y tras darles las gracias, salió corriendo sin perder un instante.

El sueño cumplido

Allá se fue la horchatera, que llegó a la pizzería en menos de lo que canta un gallo. Tras hojear la carta, pidió una gran pizza artesana clásica, que le pusieron para llevar sin tardanza. Tras pagar mucho menos de lo que ella se hubiese esperado, no pudo resistir la tentación, y probó un pedacito. ¡Ah, se le abrió el cielo! ¡Por fin la había encontrado! ¡Tenía la mejor pizza!

Con lágrimas de emoción en los ojos, llamó a su madre para avisarla de tan memorable hecho, y quedó en llevar la cena a casa inmediatamente, ya que la abuela (sin duda intuyendo algo) se había auto-invitado a cenar.

Nuestro cuento se complica

Convencida de que el final de sus tribulaciones había llegado, la muchacha puso rumbo a casa. Como se había levantado algo de viento y hacía fresco, sacó de la mochila su sudadera roja, y se puso la caperuza. Ya más abrigada, echó a andar. A eso de medio camino, decidió atajar por el parque. Si nuestra horchatera hubiese dedicado más tiempo a leer cuentos y menos a moler chufas, le habría parecido mala idea. Pero como escribió George Elliot:

“Nadie puede ser sensato con el estómago vacío”.

Entre las sombras de la tarde vio moverse algo, allá por el medio de los árboles. Ya iba a echar a correr cuando reconoció a un xiquet del barrio al que todos se referían, sencillamente, como “el llop Andreu” por las barbas que se gastaba.

– Caperucita, caperucita –dijo él olfateando el aire–, ¿qué llevas en esa cajita?

– Pues una pizza, ¿qué voy a llevar?

– Pero esa no es una pizza corriente y moliente… ¡Anda, dime la verdad, no seas mala gente!

A la horchatera le ponía nerviosa aquella estúpida manía del Llop Andreu de rimarlo todo (este año le había dado por creerse o rapero, o trovador, nadie lo sabía muy bien). Así que trató de deshacerse de él lo más rápido que podía.

– Mira, a decir verdad es la pizza perfecta, y yo he prometido llevarla rápido a casa, porque mi abuela está de visita y se muere por probarla. Además, llevo todo el día trabajando y yo misma me muero por sentarme a cenar y disfrutarla de una vez.

– ¡Pues haber empezado por ahí! –canturreó él, zalamero– Vete volando cual colibrí.

La chica echó a correr con tanta prisa, que no vio como el Llop Andreu se metía por un atajillo entre los matorrales. El lobo corrió y corrió, hasta llegar el primero a casa de la horchatera, y una vez allí llamó a la puerta y, haciéndose pasar por amigo suyo, convenció a las buenas de la abuelita y de la madre para que lo dejasen pasar. ¡Quería cenárselo todo él solo, el muy sinvergüenza! Algo sospechó la tita al verlo relamerse pero ya era tarde: las encerró a las dos en el armario, y con toda la paciencia del mundo, se puso su mejor peluca y bata. Luego se sentó a esperar.

mejor-pizza-a-domicilio-de-barcelona

El llop Andreu se presenta en casa de la abuelita

Al poco llegó la xiqueta, tan feliz con su pizza que no se dio cuenta de lo rara que estaba la abuela con aquella barba espesa.

– Ya hace horas que estoy  lista –canturreó el lobo–, ¿dónde está esa pizza?

Algo escamó a la horchatera (probablemente aquella rima forzada), que mirando con detenimiento a la abuelita exclamó:

– Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!

– Son para verte mejor, con o sin rencor.

– Abuelita, abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!

– Son para escucharte mejor, nunca peor.

– Abuelita, abuelita –murmuró finalmente, dudando–, ¡qué dientes tan grandes tienes!

– ¡Son para comerme mejor tu pizza, tía lista!

Y lanzándose sobre ella, trató de arrebatarle la caja.

Seguramente estéis esperando a que en este momento aparezca el leñador.

Pero como no había serrería alguna en el barrio, y además las mujeres de este cuento se las arreglan solitas la mar de bien, la madre y la abuela se las habían apañado para salir del armario y estaban ya detrás del lobo, al que sartén y escoba en mano molieron a palos por gorrón. El Llop Andreu aprendió la lección, y desde entonces se compra su propia cena. Por su parte la horchatera y su familia pudieron por fin sentarse a disfrutar de su tan ansiada cena y…

Fueron felices y comieron pizza.

la-mejor-pizza

Por fín disfrutaron de la mejor pizza de Barcelona… ¡Superpizza!

No todo es cuento

Si tú también quieres disfrutar de la mejor pizza de Barcelona mientras te relajas, o ves las mejores series, no lo dudes: llámanos y encarga tu cena.

¡Como la horchatera y su familia, no te arrepentirás!

Añadir Comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

* Se requiere casilla de verificación RGPD

*

I agree

TO TOP
Share This